no place like home

los archivos de indie.cl :: Ego Sum: Bullying. :: Mayo 2010

Ego Sum: Bullying.

Uno de nuestros colaboradores escarba en su pasado de niño intimidado y saca cuentas de la responsabilidad que no sólo recae en otros niños, sino también en los adultos que decidieron que esto era normal.

Ego Sum: Bullying

Por: Rodrigo Arenas.

En estos momentos, parece que la discusión a nivel legislativo respecto al tema del bullying está entrando a tierra derecha. Pero, más allá de las posibles implicancias legales respecto a este delito, están las miles de historias detrás de esta palabra foránea de ocho letras. Una de ellas es la mía.

Para complementar: tiempo atrás escribí en este mismo medio un artículo llamado “Facebook y mis ex-compañeros”, en el que trataba de explicar (y explicarme) por qué había decidido no asistir a la reunión de mis ex compañeros de colegio. Sin duda, faltaba una pieza clave: aquí está.

Primero que nada, no es fácil hablar públicamente de que has sido víctima de bullying. Te coloca en una posición de objeto raro de museo, y muchas personas pueden calificarte de débil, de que eres incapaz de superar el pasado, en pocas palabras, que eres un tipo amargado. Al tipear el título de este artículo este sábado frió, solitario y gris, he decidido asumir este costo.

¿Por qué asumir dicho costo? Lo hago por los que trabajan con niños que son victimas de bullying, por los padres de los chicos que son el hazmerreír del colegio, por los que en general no entienden bien de qué se trata todo esto y, por supuesto, por las víctimas del pasado, el presente y el futuro. Si a alguno de ellos les ayudo a entender este problema y sus alcances, consideraré mi tiempo bien invertido y mis palabras bien escritas.

Yo no entiendo cuándo ni cómo empezó toda esta animadversión contra mí en mi entorno escolar. Es un buen dato agregar que estudié en el mismo colegio durante toda mi vida escolar, por lo que mi historia se desarrolla de manera lineal, aunque mis recuerdos me traicionan y a veces sólo puedo vislumbrar una madeja de hechos.

Creo que para entender el origen del problema hay que reunir una serie de datos claves. Yo era un niño muy mateo, responsable, siempre ordenado y diligente, y a la vez tímido, malo para los deportes, malo para las travesuras y malo para los garabatos. Claro, en un entorno de un colegio de varones en el norte de Chile, en una ciudad minera, inmediatamente caí en esa categoría llamada “bicho raro”. Además, los profesores se dedicaban a destacar mis logros constantemente, y la envidia empezó a llenar el aire del salón. Otro elemento clave fue el que yo tuviera la piel tan blanca, producto de mis nulas idas a la playa, lo que en una ciudad costera era algo de lo más extraño. Incluso algunos adultos, no se si ingenuos o ignorantes, pensaban que yo estaba enfermo o que incluso era albino.

Todo esto fue como una maraña que se confabuló para que yo empezara a ser molestado, amenazado y golpeado por mis compañeros de curso, especialmente durante los cuatro primeros años de enseñanza básica. Uno de mis recuerdos más vívidos fue el de un compañero rubio que me dijo, a fin de año, que si en el próximo regresaba igual de blanco me iba a sacar la chucha.

Ante todo esto, uno puede adoptar diversas posiciones. Yo pasé por todas durante esos 12 años: ignorar los ataques siendo estoico, defenderme ante ellos, y sumarme a la vorágine del bullying, lo que en un tiempo trasladé a mi entorno familiar, causándole a mi hermana un daño tan grande como el que me habían causado a mí. Claro está que mis compañeros también fueron cambiando, y la violencia física fue desapareciendo con los años, en especial al llegar a la educación media. Por otro lado, los sobrenombres y las burlas fueron tomando un carácter más jocoso que malintencionado, en especial cuando el curso se renovó en la media. Pero ahí empecé a darme cuenta de lo mucho que me había afectado todo lo vivido anteriormente, porque me sorprendía que muchos de mis nuevos compañeros empezaran a tratarme como a un congénere y no como un mono porfiado al cual hay que agredir hasta que, por fin, se derrumbe.

Tengo muchas imágenes en mi memoria. Una vez no aguanté más y me puse a llorar y gritar en pleno salón, e inmediatamente muchos de mis compañeros se acercaron a mí, asustados, a preguntarme qué me pasaba. Muchas veces me tragué la rabia y los deseos de golpear a todos con mi más absoluta furia. Pensé en suicidarme. Recuerdo que todos mis compañeros usaban zapatillas y ropa de marca, por lo que yo y mis Dolphin fuimos objeto de burla durante bastante tiempo, algo que ahora me parece insólito en un colegio que se califica como “católico”. Llegué a pedir a mis padres que por favor me cambiaran de colegio, y hasta el día de hoy me pregunto qué pasaba por la cabeza de ellos las pocas veces en que me atreví a contarles que era el hazmerreír del curso. Me encerré en mí mismo, busqué refugio en libros y en el cine, y dudaba de cada sugerencia o idea que salía de la boca de mis compañeros. Me aislé, y ese aislamiento nunca acabó del todo, incluso ante los nuevos compañeros de la media con los que, por vez primera, empecé a compartir ciertas visiones de mundo.

Y recuerdo también historias ajenas que vi o llegaron a mis oídos. Recuerdo a esa niña de ascendencia aymará del colegio de mi hermana, cuya madre era discriminada por el resto de los apoderados y que terminó por sacrificar una educación académica de calidad a cambio de su paz mental. Recuerdo a un compañero cuya enfermedad (leucemia) fue objeto de burla de muchos de los que compartieron una sala de clases conmigo. Y también recuerdo a los profesores. Algunos, en los que encontré respuesta cuando me desesperaba ante lo que sucedía. Otros, que incluso fueron parte del bullying, incentivando los sobrenombres e incluso castigando físicamente a algunos compañeros como parte de una “innovadora y avanzada técnica disciplinaria.”

Y es en éste momento de la escritura que me obligo a hacer un salto al presente. Puedo aceptar muchas cosas, pero lo que no puedo aceptar es que muchos de mis compañeros del colegio consideren aún chistoso el hecho de que un par de profesores hayan utilizado las patadas dentro del salón de clases, e incluso se manifiesten, hoy en día, dispuestos a recibir una. ¿Es que no han entendido de qué se trata todo esto? Yo, no voy a volver a una reunión de ex compañeros de colegio a que me reciban tapándome de sobrenombres y burlas, cosa que incluso fue incluida como ingrediente básico de dicha reunión, o en la que tenga que enfrentarme a profesores que hicieron caso omiso de mis llamados de auxilio, docentes que han sido invitados especiales a dichas reuniones.  No más. Y no estoy dispuesto a tratarlos a ellos de la misma manera, saludando con apodos y rememorando viejas burlas. Porque, a pesar del tiempo y las experiencias transcurridas, yo aún me declaro un resilente en ciernes. Simplemente, no he podido superar todo esto.

Y es que el bullying ha influido en mi personalidad hasta el día de hoy. Aún me es difícil confiar y abrirme hacia el otro, y también la confianza en mí mismo la veo resquebrajada. Innecesariamente, muchas veces ando a la defensiva, como si alguien quisiera hacerme daño por el sólo placer de hacerlo cuando, en realidad, dicha amenaza no existe. Sin embargo, como lo que no te mata te hace más fuerte, coseché otras cosas. Mi desprecio absoluto ante todo tipo de racismo nace de todo esto. En este momento de mi vida, le doy infinitas gracias a todos los que contribuyeron con sus agresiones a que yo odiara la discriminación en todas sus formas, pues ha sido un factor importante en el hecho de que yo haya logrado reconstruirme de nuevo y mejor y que incluso lograra encontrar, parafraseando al gran Cerati, “eso que llaman amor”. Y, aunque hubo otros factores involucrados, creo que toda esta experiencia influyó en mi opción por estudiar Pedagogía. Aunque no ejerzo actualmente en el área, todas las veces que hice clases di mi 100% para sacar el bullying tanto efectivo y potencial fuera del salón. Muchas veces intenté, no sólo yo sino que la mayoría de mis colegas, lograr que los niños pasaran de molestado y molestador, a una relación de amistad. Porque es muy triste no contar con una pieza del pasado que muchos seres humanos añoran y extrañan.

Mi proceso de autodiagnóstico y curación empezó cuando, luego de finalizados los doce juegos, emigré a Santiago. Este viaje a la capital de Chile que aún no termina tuvo diversos motivos, pero no puedo negar que me atraía la idea de dejar todo el pasado atrás, aunque en parte pagué con el costo de no seguir mi vocación fundamental. Aquí conocí y conozco a gente maravillosa que, sin saberlo ni proponérselo, contribuyeron de manera sustancial a mi reconstrucción como persona, tanto en la universidad, como en los diversos espacios de trabajo por lo que he transitado y transito actualmente. Me enseñaron a confiar de nuevo en otro, me enseñaron que la amabilidad existe y sobre todo, empecé a confiar en mí mismo, me di una nueva oportunidad y empecé a construir una identidad con nombre y apellido. Lamentablemente, Santiago no está tan lejos de Antofagasta, por lo que a veces el pasado me persiguió, y me encontré una vez con un ex compañero que conoció a mis nuevos amigos y les contó mi pasado, en especial mi historia como objeto de burla, riéndose a carcajadas de mí sin saber que yo lo escuchaba todo desde la pieza del lado del hogar universitario. Quise hasta asesinarlo, lloré a pesar de mi segundo año de universidad, pero mis amigos santiaguinos no hicieron mención nunca del tema.

Actualmente, tengo contacto sólo con tres ex compañeros del colegio, entrañables amigotes que me acompañaron en el migrar hacia Santiago. Del resto, ni idea, sólo me han llegado por Facebook invitaciones a reuniones, a las que siempre he dicho que no, y por las que me entero de los detalles que he expuesto anteriormente. Por mi parte, yo aún no tengo la fuerza para mirarlos a los ojos de nuevo. Yo aún me pregunto ¿qué error cometí para que pasara todo eso? Definitivamente, no estoy preparado. No todavía.

Otras historias de bullying, lamentablemente hay muchas más:

http://www.terra.cl/actualidad/index.cfm?id_reg=1420287&id_cat=302&titulo_url=Madre_revela_calvario_de_menor_victima_de_presunto_bullying_en_colegio_de_La_Florida

http://www.elpais.com.co/paisonline/calionline/notas/Mayo172010/3intimi.html

http://www.telecinco.es/informativos/internacional/noticia/100020427/Un+adolescente+se+suicida+tras+ser+acosado+a+traves+de+Internet

http://www.terra.cl/zonamujer/index.cfm?id_reg=1422045&id_cat=2007

http://www.radiobiobio.cl/2010/05/07/nina-de-10-anos-recibe-golpiza-de-sus-companeros-en-temuco-en-nuevo-caso-de-bullying-infantil

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s